¿Sabes de donde proviene la idea del peine?



Independientemente de la calidad armoniosa de nuestro cuerpo, es en la cabeza que se concentra nuestra atención inmediata cuando miramos a alguien. Y no pienses que es sólo en la perfección de las líneas de la cara.

El complemento piloso que tenemos sobre ella tiene una gran importancia en el resultado estético final.

Tan importante que hace muchos siglos se da una extraordinaria importancia al cuidado del cabello, tanto en lo que respecta a la corte como al peinado.

No necesitamos retroceder a los tiempos prehistóricos porque realmente en ese momento, por lo que la historia nos enseña, no había especial interés o cuidado, con nuestro aspecto estético.

Tan natural que el nombre del instrumento utilizado para ese efecto – «peine» – deriva de una palabra latina, – «pecten» – que inicialmente nada tenía que ver con el objeto que hoy instintivamente usamos para embellecernos.

Esta palabra era sólo el nombre de un molusco marino cuya concha poseía unas salientes muy parecidas a los dientes de los peines.

Por cierto, incluso con esas conchas que, inicialmente, la gente intentaba alisar sus cabellos.

Más tarde, en Babilonia se dio un perfeccionamiento del objeto, que era, entonces, hecho con espinas de plantas.

En una fase posterior comenzaron a usarse huesos y fragmentos de madera.

El peine está entre nosotros gracias a los egipcios

Pero fue la civilización egipcia que tuvo la primacía de ser aquella que más hacía uso de este objeto, considerándolo incluso un artículo de lujo.

Por ese tiempo los peines eran incrustados con piedras preciosas y oro.

Hay incluso una leyenda que refiere que Cleopatra usaba un peine hecho de espinas de peces.

Y si los egipcios fueron los que más mostraron interés en su uso, fueron los romanos que concibieron el formato más parecido a aquel que aún hoy se usa, fabricando un modelo pequeño y portátil que solía ser usado en los intervalos de las luchas trabadas en el Coliseo de Roma .

De artículo de lujo hasta instrumento de belleza mundano, el peine ha ganado un espacio único en todos los lados de nuestra sociedad, siendo casi imposible conocer a una sola persona que no tiene uno o que nunca ha usado uno.

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