En una de mis clases en la universidad intentaba demostrar a mis alumnos que las ondas sonoras que se amplifican son iguales cuando entran por un micrófono que cuando salen por un altavoz, pero indudablemente no son las mismas.
Eso de iguales y mismas despistaron a más de un alumno que me cosió a preguntas hasta que entendió la diferencia.
Siempre que contesto alguna pregunta trato de hacerlo en un lenguaje sencillo y a veces un ejemplo es la mejor respuesta, porque contestar técnicamente no siempre resuelve las dudas de quien pregunta. Así que cuando un alumno me preguntó qué diferencia había entre los audífonos caros de los baratos esta fue mi respuesta:
Un audífono es una máquina que agrupa en su interior tres cosas básicas, un micrófono, un amplificador y un altavoz. Para que funcione necesita pilas y para que se escuche más o menos fuerte un potenciómetro que actúa de interruptor para encenderlo y apagarlo cuando no se necesite.
Hasta aquí el audífono más caro y el más económico constan de lo mismo, lógicamente tienen lo mismo dentro pero de distinta calidad.
Un audífono caro está fabricado con componentes más costosos, incluso algunos de sus componentes pueden ser de oro, como los hilos conductores, el cuerpo de plástico puede que sea de mejor calidad, y el micrófono más complejo incluso más sensible. El amplificador es más complejo pero el resultado es el mismo y el altavoz mucho más caro que el de unos auriculares.
Lo que decanta la compra de uno y otro, es la diferencia de precio, ya que es abismal.
En esos momentos mostré mi muñeca izquierda y mis alumnos pudieron ver que llevaba un reloj de pulsera que tenía unos tres años, seguramente era mi tercer o cuarto reloj después de haber perdido alguno o haberlo mojado accidentalmente, o en el peor de los casos haber extraviado alguno que me regalaron.
¿Qué hora es? Pregunté en voz alta. Algunos alumnos miraron sus relojes y me dijeron: las seis y cuarto. Precisé un poco más y pregunte de nuevo ¿Qué hora es exactamente? Entonces unos me dijeron las seis y catorce, y otros las seis y diecisiete.
¿Alguno lleva un reloj de oro?, pregunté, y un alumno me dijo:
- Yo
- Y ¿me puedes decir que hora marca tu reloj?
- Pues… las seis y veinte casi
- Bueno, pues como veis, el mejor de los relojes no determina que la hora sea exacta y si así lo fuera, la diferencia es de un par de minutos.
Mis alumnos comprendieron enseguida que seguramente el audífono caro sería mejor que el barato, pero que la diferencia no sería tan grande como su precio.
Al igual que los relojes, los audífonos son máquinas, y las máquinas se fabrican en base a la tecnología y se puede obtener el mismo resultado o muy parecido gastando cincuenta veces menos.
Somos las personas quienes debemos elegir nuestro jersey para lucirlo o para librarnos del frío, porque el más caro seguramente sea de mejor calidad pero el más barato nos calentará exactamente lo mismo.
Decir esto es mejor que esto otro solo debe mencionarse y compararse cuando ambos valgan lo mismo. Si la diferencia de precio es abismal como en los jerseys, en los relojes y en los audífonos; deberíamos preguntarnos, si el barato cumple la función y si es así; como humanos, elegir libremente donde gastar nuestro dinero aunque el precio sea desproporcionado.












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